Sacarse leche
Noticia publicada el 27-01-2016
Sacarse la leche es un arte. Puede que te cueste un poco aprender, así que conviene que empieces un par de semanas antes si tienes una fecha estricta en la que no podrás estar presente durante unas horas para darle el pecho a tu bebé.
Puede hacerse a mano o con un sacaleches. Hacerlo a mano tiene la ventaja de no tener que comprar un sacaleches, ni lavarlo, puedes sacarte la leche en cualquier sitio. Las madres que conocen los dos métodos suelen decir que a mano es más fácil y duele menos, el único inconveniente es que hay que aprender.
La extracción
Lávete las manos, no hace falta lavarse el pecho. Conviene hacer un masaje suave por todo el pecho. Tocándose el pezón con el dedo, por encima de la ropa, se estimula el reflejo de eyección.
Tanto si lo haces a mano o con sacaleche, es normal que el primer día no saques nada o solo unas gotas. Esto no quiere decir que no tengas leche sino que no sabes sacártela. No te machaques el pecho, es preferible hacerlo varias veces al día, las que puedas, 5 o 10 minutos, que estar una hora seguida.
¿Cuándo hacerlo? En el momento que te sea más cómodo. Si lo debes hacer en el trabajo, asegúrate de tener una nevera donde guardar la leche que te saques y una nevera portátil con una bolsa de hielo para llevarla a casa.
Es indiferente que sea antes o después de mamar el niño, o entre toma y toma. Si ya dominas la técnica, lo más fácil puede ser sacarse de un pecho mientras el niño mama del otro, así se aprovecha el reflejo de la oxitocina y la leche sale más rápido. Puedes darle a tu hijo del pecho que te acabas de sacar, siempre queda algo y es la leche más calórica. Puedes también intentar sacar algo del pecho que tu hijo acaba de mamar, igualmente puede salir algo. Si te sacas leche justo después de mamar el bebé, seca primero la saliva del pecho.
Sacarse la leche funciona exactamente igual que dar el pecho; cuantas más veces lo hagas, más leche saldrá.
No es necesario hervir o esterilizar el sacaleches o los recipientes donde la guardes. Límpialos normalmente como haces con el resto de la vajilla, mejor inmediatamente después de su uso para que no queden restos de leche seca en los recovecos.
La Conservación
Puedes utilizar envases de vidiro o plástico. Es importante que sean de fácil limpieza, con tapa y en caso del plástico que sean de uso alimentario. Conviene que el tamaño sea suficiente como para una toma (150-200 mililitros) pero que no sean demasiado grandes, porque no los llenarás y ocuparán demasiado espacio en la nevera. No olvides ponerles una etiqueta con la fecha de extracción.
La leche materna se puede guardar en la nevera hasta 5 días. De hecho, conviene tenerla un par de días en la nevera antes de congelarla así las inmunoglobulinas y otros factores van atacando a los microbios.
Si te sacas leche varias veces al día, puedes juntarla en el mismo recipiente añadiéndola a la que ya está en la nevera. Empieza un recipiente nuevo cada día.
Si es para congelar, conviene guardarla en recipientes de no más de 100 ml. para no tener que tirar mucho si tu hijo no la acaba.
La duración de la leche congelada depende de la potencia del congelador. Como norma, dura más de lo que duraría un bistec de ternera en el mismo congelador.
La leche de algunas mujeres se altera cuando lleva unos días congelada, y tiene un olor extraño, rancio. Se debe a que la lipasa actúa sobre las grasas de la leche y empieza a digerirlas. Eso no es malo pero puede que al bebé no le guste. El problema se puede evitar calentando la leche justo después de sacársela, hasta cuando empiece a hacer burbujitas pero sin llegar a hervir (a unos 80°C).
La descongelación
Llena un recipiente grande de agua caliente del grifo, sumerge el frasco con la leche y déjalo hasta que el agua se enfríe. Cambia el agua cuantas veces haga falta. Una vez descongelada se debe usar antes de 24 horas.
La administración
Es normal que la leche materna se separe y la nata quede flotando. Basta con agitarla bien.
Algunos niños toman pecho y biberón sin problemas. Otros, incluso después de tomar el pecho durante meses, se malacostumbran al biberón y empiezan a mamar en mala posición pudiendo producir rechazo del pecho, dolor en los pezones, grietas. Y muchos otros, acostumbrados al pecho, no quieren el biberón y lo rechazan de entrada.
El biberón no es la única opción. Probablemente sea más fácíl darle la leche en vasito, aunque esto suene raro en nuestra cultura. Lo ideal sería un recipiente pequeño con pico curvado. Sino un vasito de los de licor puede servir.
Lo primero es sostener al bebé bien vertical. Si eres diestra, lo más práctico será que lo sujetes sobre tu muzlo izquierdo y lo sostengas con el brazo izquierdo mientras le das la leche con la mano derecha. El vasito, medio lleno, se mete bien en la boca del bebé, tocando las comisuras. Una vez bien colocado, levántalo hasta que el nivel de la leche llegue al borde. Algunos bebés beben como una persona mayor; otros beben como los gatos, con la lengüita.
La cantidad es la que el bebé quiera. La cantidad que sobre en el biberón o vasito está mezclada con babas y es un cultivo de microbios, así que mejor no guardarla. Es conveniente darle de a 50 ml. y si se lo acaba darle otros 50 a descongelar 200 y tener que tirarlos.
Si el niño no quiere ni vaso ni biberón, pero tampoco parece hambriento, recuerde que es normal, y que no hay que preocuparse ni insistir.
Del libro “Un regalo para toda la vida”
de Carlos González
Pediatra
Fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM)
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