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Revista Nana | La revista

Educación sexual II PARTE

Noticia publicada el 05-05-2019

Hmmm... Su hija de tres años, Ana, y su amiguito Juan están jugando quietamente en el cuarto arriba - demasiado quietamente. ¿Qué estarán haciendo? ¿Y por qué está cerrada la puerta? Resistiendo las ganas de meterse a fuerza (es que le estuvo enseñando recientemente a respetar la puertas cerradas y tocar primero), llamas a la puerta. Se oye la risa de los niños, pero también te parece escuchar “entra”. Ahí están Ana y Juanito, dedicándose al juego que jugamos todos en nuestra niñez, al doctor. Se han quitado la ropa y se están examinando uno a otro en detalle. ¿Y ahora qué hace? Podrías horrorizarte y enfadarte: “¿Qué están haciendo?! ¡Pónganse la ropa ahora mismo y que no les vuelva a encontrar así! Juan, te llevo a tu casa”. El mensaje que oyen los niños -“¡Qué malos somos! La curiosidad acerca de los cuerpos es mala y la desnudez también”- Por supuesto, esto les deja sintiéndose despistados, avergonzados, lastimados. Es que ellos estaban demostrando un interés en sus cuerpos que es completamente normal a esa edad. ¿Qué te parece si mantienes la calma y apruebas en voz alta la curiosidad de los niños?: “Parece que les interesa ver las diferencias entre los cuerpos de los niños y de las niñas. Mientras se ponen la ropa, yo voy a traer un libro con fotos que podemos ver y que lo explica todo sobre los cuerpos”. El mensaje que oyen los niños -“Está bien tener curiosidad sobre los cuerpos. Mami prefiere que no nos desvistamos. Pero nos va a explicar cosas”.

Hay varias respuestas posibles en ese tipo de situación. Al escoger la tuya, recuerda que hay que observar la situación con los ojos de tu hijo o hija. Los niños de edad preescolar están fascinados por los cuerpos. Su deseo de fijarse en las diferencias entre “lo mío y lo tuyo” es una parte normal del desarrollo de su sentido de identidad personal y sexual. Cualquiera sea la manera en la que tú hayas reaccionado a esa situación, es importante discutir el asunto con los padres del otro niño. Tal vez no estén de acuerdo con lo que hiciste pero van a apreciar que les haya informado. Así tendrán la oportunidad de hablar de sus propios valores y convicciones familiares con su hijo.

 

Hay ciertos lugares y ciertas horas

Muchas veces las niñas y niños pequeños tocan sus genitales por motivos diferentes. Puede ser porque están cansados, aburridos, nerviosos o molestos; o porque están tratando de enfocarse. Y también puede ser porque les da placer. Si a los padres les resulta difícil aceptar eso, tal vez sea porque tienen dificultades para aceptar que los niños son seres sexuales. La masturbación es una parte normal del desarrollo. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que es una expresión saludable de la sexualidad, a la edad que sea. Sin embargo, algunos padres no aprueban la masturbación. La reacción de los padres cuando sus hijas e hijos juegan con sus genitales es importante. Castigar, regañar o apartarles la mano les transmite el mensaje de que los genitales son malos, que tocarlos es algo “sucio”. Sentirán vergüenza y culpa pero continuarán haciéndolo. Si los padres no están de acuerdo con la masturbación por razones religiosas u otras causas, podrían explicárselo a sus hijos -con calma y cariño- que para ellos tal comportamiento no es aceptable. Pero decirles sólo “¡para eso!” casi nunca es eficaz, como tampoco lo es tratar de distraerlos con algún juguete u otra actividad.

Muchos padres no tienen nada contra la masturbación pero si tienen algo, y con razón, contra la masturbación en un lugar público, como por ejemplo en una tienda. En tales circunstancias, es bueno decirle algo como: “Mira, sé que te sientes bien cuando tocas tus genitales, pero es algo que se hace en privado, y no donde todo el mundo te pueda ver”. Así les enseñan sobre el respeto de los demás y también sobre qué comportamiento es apropiado. Al mismo tiempo, la sexualidad queda en una perspectiva positiva. Aun los padres que aceptan que su hijo juegue con sus partes privadas se preocupan, a veces, de que lo estén haciendo demasiado. Los niños paran cuando están satisfechos o si se sienten incómodos. La masturbación obsesiva, igual que cualquier actividad obsesiva, puede indicar un problema. Si a un padre le parece que la masturbación de su hijo o hija le está impidiendo otras actividades normales, es tiempo de hablar con un pediatra u otro profesional capacitado.

 

A mamá o a papá se le puede preguntar

Ocuparse de la educación sexual de nuestros hijos puede ser una tarea pavorosa. Pero tú eres la persona ideal para ese trabajo. Tú eres quien mejor puede explicar tus valores sobre ese tema. Te daremos algunos consejos que podrían ayudar en esta tarea no siempre fácil: Habla con tu pareja para decidir qué mensajes les quieren dar a sus hijos sobre el sexo. Anticípate a las preguntas y los comportamientos sexuales. Planea tus respuestas. Contesta a las preguntas según las hacen. Si dices “Ahora no o no necesitas saber eso” entenderán que no está bien preguntar. Puedes demorar la respuesta, si lo necesita, diciendo: “Ahora mismo no puedo, pero vamos a hablar de eso después de la cena”. Pero entonces, cumple con lo prometido. Dile a tu hijo si tienes vergüenza. Un comentario como: “Hablar de eso es difícil para mí, pero voy a intentarlo”- es ideal. Los niños aprecian la honestidad. Contesta simple y honestamente, así dejas la puerta abierta para más discusión. Inicia la discusión sobre el sexo, diciendo por ejemplo: “¿Nunca te has preguntado cómo naciste?”; usa libros con dibujos, aprovecha eventos cotideanos como oportunidades de enseñanza. La inciación de tus hijos al largo proceso del aprendizaje sexual puede ser difícil o maravilloso. Tú eres quien escoge.

 

El sexo no es un secreto a los cuatro años

¿Cuánta educación sexual ha recibido tu hija o hijo al cumplir los cuatro años? ¿Y de dónde vino esa educación? Pues la mayor parte de ti, y ojalá de una manera bien pensada y cariñosa. Los padres dan lecciones de sexualidad diarias desde el nacimiento de su bebé. Mostrar cariño y afecto a los niños, abrazarlos, mimarlos, besarlos, todo eso representa lecciones positivas sobre la sexualidad. Cómo los padres responden (o no responden) a la curiosidad natural de sus hijos acerca de las diferencias sexuales, de las partes corporales, de dónde vienen los bebés... son fuertes mensajes sobre la sexualidad. Pero los niños también reciben muchos mensajes sobre el tema fuera de casa, mensajes a veces negativos o, por lo menos, dudosos. La televisión, la publicidad, internet... nos bombardean con mensajes sobre el sexo. Tal vez piensas que un niño o una niña de cuatro años no se fija en esos mensajes. Pues sí, así que es mejor usarlos como oportunidades para enseñarles algo sobre tus opiniones y valores sobre el tema. Tal vez aun no entienda toda la lección, pero quedará claro que mamá y papá piensan que el sexo es bastante importante como para hablar de eso honestamente. Incluso en las escuelas infantiles circula mucha información, o probablemente, desinformación. Oyen de todo, y no siempre lo comparten con los padres. Así que, con toda esa educación sexual que reciben sin el conocimiento de los padres ¿no es mejor darles tu opinión?

Pero... espera ¿no hemos hablado de eso ya? No te soprendas si las preguntas de tu hija de cuatro años son exactamente iguales que las que ya contestaste cuando tenía tres. Tendrás que repetir y repetir las mismas explicaciones muchas veces. Los niños de cuatro años aprenden haciendo montones de preguntas. Cuando los padres contestan con paciencia y con la mente abierta, lo que les dicen en verdad a sus hijos es: “Tú eres importante y voy a tomarme el tiempo de explicarte lo que no entiendes, y sí podemos hablar de este tema, me alegro de que me hayas preguntado”. Claro que a veces la curiosidad de su hijo se va a manifestar en momentos inoportunos: mientras están cenando en la casa de abuelita, mientras están esperando para pagar en el supermercado, en un ascensor lleno de gente. Si no quiere ponerse a dar cátedra ahí mismo, le puede decir a su hijo que escogío un mal momento, pero que no e suna mala pregunta “Qué bueno que me lo preguntaste, hijo, camino a casa tendremos tiempo de hablar de eso”. Responder así es mucho más positivo y saludable para el niño que un ¡Shhhh! o peor, ignorarles y no responder nada.

A pesar de que las preguntas de tu hijo te pueden causar vergüenza en ciertos momentos, alégrate de que se siente bastante cómodo para hacerlas. Si los jóvenes no preguntan a sus padres sobre el sexo, no es porque no sea curiosos sino que han aprendido que no se  debe preguntar, porque molestan. Si tal sentimiento persiste al crecer, los niños tratan de satisfacer su curiosidad en otra parte: sus amigos, internet, experimentando... Desafortunadamente, el resultado son adolescentes mal informados y vulnerables. Así es que los padres deberían tener un gran interés en comunicarse abiertamente sobre sexualidad con sus hijos e hija.•


Boletines concebidos por Mary Gossart, Directora del Departamento de la educación y de la formación, Planned Parenthood Health Services of Southwestern Oregon. The Collins Foundation, Meyer Memorial Trust y Herbert A. Templeton Foundation.

 

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