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Revista Nana | La revista

La base biológica del deseo materno

Noticia publicada el 09-01-2019

En nuestra cultura se nos oculta, frivoliza o censura el hecho de que la maternidad sea una etapa de la vida sexual de las mujeres, pues existe un deseo materno entrañable, que es un impulso corporal que tiene la misión de desencadenar o mantener una determinada secuencia de procesos fisiológicos como mecanismo autorregulador que mantiene la simbiosis madre-criatura como una unidad alrededor del primer año de vida después del parto. El deseo materno tiene una sabiduría funcional y operativa, como demuestran las investigaciones desde la biología, la antropología, la fisiología, la neurología. El deseo materno tiene una base biológica. Las hormonas endorfinas, prolactina y oxitocina facilitan la simbiosis madre-criatura y promueven que el cuerpo de la madre, que es el hábitat adecuado para su crecimiento, esté disponible.

La fisiología nos ha permitido comprobar que la sexualidad es un todo, pues son las mismas hormonas las que están implicadas en los diferentes momentos de la sexualidad, durante las relaciones sexuales, el parto y la lactancia. Todas estas hormonas que intervienen en la sexualidad se originan en el cerebro, a nivel del hipotálamo y la hipófisis. Desde los años sesenta se tiene conocimiento del papel de las hormonas como sustancias impulsoras del instinto maternal, afectan a la vida anímica y a la voluntad y producen cambios de conducta que hacen surgir el cuidado y atención a la criatura, es decir el amor maternal.

 

"La maternidad no es una enfermedad, es un enamoramiento; la frustración del enamoramiento es lo que produce la enfermedad".



La oxitocina, es llamada hormona del amor pues está presente en todas las situaciones en las que se vive el amor. Interviene en los preludios del acto sexual y en el orgasmo femenino y masculino. Produce la contracción, el latido y el temblor del útero. Las contracciones uterinas del orgasmo. Estimula las contracciones uterinas para el nacimiento del bebé y para el alumbramiento de la placenta. Estimula el reflejo de la salida de la leche. Los niveles máximos de oxitocina se alcanzan en la hora que sigue al nacimiento, cuando la criatura y la madre han permanecido en contacto piel con piel y visual, en un ambiente de intimidad. El bebé dentro del útero también libera oxitocina y se ha comprobado que facilita el comienzo del trabajo del parto. La secreción natural de la oxitocina es rítmica y esta es la causa de su eficacia. Las interferencias en el primer encuentro entre la madre y su bebé, así como una temperatura ambiental poco cálida, producen una inhibición en la liberación de la oxitocina y dificulta el alumbramiento y el inicio precoz y la succión correcta para la lactancia. La interferencia en una parte del proceso global de la sexualidad afecta a la totalidad.
No todas las mujeres responden igual a la oxitocina. En un estudio realizado en Suecia (1996) a 50 mujeres cesareadas, se comprobó que no todas las mujeres tenían la misma cantidad de receptores en su músculo uterino. Parece que el músculo uterino está más preparado o entrenado en unas mujeres que en otras y quizás influya en esa preparación el número de hijos, la lactancia y las relaciones sexuales.

Las endorfinas, alivian el dolor con más potencia que la morfina y no tienen los efectos secundarios de ésta. Son hormonas del placer y para eliminar el dolor. Desde 1979 se tiene conocimiento de la liberación de endorfinas en el parto. Desde el año 1981 se conoce que también el bebé libera endorfinas durante el parto, de esta forma cuando la madre y su bebé intercambian su primera mirada y se encuentran están bajo el efecto de opiáceos. Este es el principio de una dependencia muy fuerte. Las endorfinas permiten identificar al bebé y crear lazos afectivos entre madre y recién nacido, este fenómeno se conoce como impronta y es uno de los acontecimientos más trascendentales para la calidad de la vida de los seres humanos. Todos los mamíferos se protegen durante el parto elevando los niveles de endorfinas.

La prolactina, es la hormona responsable de la producción de la leche en las células
alveolares de la glándula mamaria, y también influye en el comportamiento en los animales para preparar el nido y para proteger y cuidar a la cría, por eso se conoce como la hormona maternal. Ayuda a atender las necesidades y los deseos del bebé sin esfuerzo. También influye en la conducta, reduce el deseo de la sexualidad coital y de la fecundidad. Durante el parto, si la madre no ha sido tratada con analgésicos, y durante la primera hora inmediatamente después del nacimiento del hijo, están en contacto madre y bebé, se alcanzan los niveles más altos de endorfinas que inducen la liberación de la prolactina. En el momento del parto, se alcanzan los niveles más altos de prolactina. Cada vez que la
madre amamanta se alcanzan valores de prolactina, durante al menos una hora, semejantes a los niveles que se alcanzan en el parto y al final del embarazo. La producción de leche depende de los valores de prolactina y son mayores a más succión del bebé. También se ha podido comprobar que los niveles de prolactina son mayores durante la noche, por este motivo las tomas nocturnas son necesarias para mantener una buena producción de leche.

Los procesos fisiológicos que tienen lugar durante la maternidad se suceden con un mecanismo de autorregulación y si se interfiere en uno de ellos se altera al siguiente. Sin embargo siempre es posible recuperar la fisiología natural, y hasta las madres adoptivas pueden llegar a lactar a sus criaturas adoptadas si se establece el estímulo adecuado, o la madre que por diferentes motivos, cesárea, enfermedad... se ve obligada a separarse de su criatura, puede recuperar la lactancia materna si están en contacto piel con piel cuerpo a cuerpo, durante todo el tiempo necesario.

La maternidad no es una enfermedad, es un enamoramiento; la frustración del enamoramiento es lo que produce la enfermedad. Madre y criatura se inducen recíprocamente para dar lugar a una simbiosis que es la unidad que se mantendrá con una regulación de las funciones fisiológicas y por eso la separación prematura y artificial y la falta de cuerpo a cuerpo con la madre durante la etapa inicial de la vida, afecta patológicamente de diversas maneras.

En el análisis causal de los fenómenos sociales que bloquean el desarrollo como humanos, se ha encontrado, según las investigaciones más recientes, la importancia de las etapas iniciales de la vida. La Psicología, la Nutrición y la Neurobiología, demuestran que los primeros años de vida son críticos en la formación de la inteligencia, la personalidad y las conductas sociales. Toda experiencia temprana, a partir de la concepción afecta en la arquitectura del cerebro. La inteligencia de las personas depende de esas conexiones y su estructura y organización resultan determinadas por las interacciones con el medio. Salud y amor son inseparables, tanto para sí mismo como para los demás. La salud mental conlleva la capacidad de amar. Madre y criatura se comunican a través de tres canales de
comunicación, el molecular, el sensorial, el intuitivo y las hormonas. En la vida intrauterina comienza el aprendizaje del niño y la niña y a partir del nacimiento miles de neuronas crecen, se desarrollan y se conectan. La educación comienza antes del nacimiento. En el vientre materno la criatura experimenta reacciones de rechazo, amor, ansiedad y alegría.•


“La vida uterina es la precursora del resto de nuestra vida”
Arthur Janov, 2001


Extracto de
"Ecología y Maternidad.
Recuperando el paradigma biológico original"

María Jesús Blázquez García
Mujer, Madre, Bióloga,
Cofundadora de Vía Láctea,
Catedrática de Biología.

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